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¿A qué llamo dios?

Julian Mellado

Normalmente se suele preguntar ¿existe Dios? o ¿cómo es Dios?. Pero después de más de 30 años tratando de responder estas dos preguntas llegué a la conclusión, siempre personal, que las preguntas era equívocas. Ambas parten de algo no probado y es que “sabemos” de qué hablamos cuando mencionamos la palabra Dios. Aún el ateísmo parte de una cierta idea establecida para después negarla. Es decir que el ateísmo necesita de un teísmo previo para poder expresarse.
En el fondo ambos se mueven en el mismo terreno.
Tras años de intensa reflexión, cuestionamientos, investigaciones, estudios, experiencias, encuentros, falsas pistas, descubrimientos inesperados llegué a la conclusión que la pregunta debería ser formulada de esta manera: ¿A qué llamas dios?
Lo que quizás llame la atención, es que el término dios aparece en minúscula, con la intención de expresar desde el principio que la idea que se va a exponer sigue una reflexión diferente a los que pretender saber y pueden definir la Divinidad.

Soy deudor al pensador francés Jacques Musset, quien me hizo comprender que toda reflexión debe partir de la realidad humana. Un acercamiento existencial al tema, debido a una observación rigurosa y profunda de la vida propia. Siempre atento a lo humano que se manifiesta de diferentes maneras, pero que tiene un fondo común entre todos los seres humanos. El desafío era enorme (y lo sigue siendo) pero más accesible que lanzarse a una aventura metafísica basada en la autoridad ajena establecida a modo de religión.
Mi primera conclusión fue devastadora. El cristianismo tradicional ( en sus diferentes expresiones) sólo respondía a las preguntas que él mismo planteaba. Establecía un problema y aportaba la solución. Cuando toda la sociedad estaba bajo una visión teista común, funcionaba muy bien. Pero desde que la humanidad (al menos en occidente) se fue independizando de la tutela eclesial, y se pudo formular otra clase de preguntas, la vieja teología hacía aguas. Para mí la idea de Dios que me habían enseñado y que yo también enseñé, se iba destruyendo poco a poco a medida que las preguntas de toda clase se me iban acumulando. Y no me refiero a aquellas basadas en la Ciencia (que también) sino más importante aún, aquellas que surgían del vivir, de las cuestiones existenciales, de los encuentros personales.
La sensación de desgarro fue brutal. Tenía la opción de acallar esas preguntas, dar un salto de fe, obviar las cuestiones, lo que en mi caso se convertía en negarme a mí mismo, mutilarme, e incluso engañarme. Lo intenté, pero no podía impedir esas cuestiones que me asaltaban.
Estudié a fondo el ateísmo, y llegué a la conclusión que era una respuesta adecuada al teísmo tradicional. Ahora bien, yo sabía que existían otros teísmos, e incluso los representantes de ellos eran los mejores refutadores del teísmo tradicional. Habíanotras maneras de hablar de “Dios”, otras formas de expresar el anhelo de trascendencia del ser humano. Y quise explorar ese campo también, y lo cierto es que descubrí muchas cosas sin entrar en el juego del teísmo-ateísmo.

Empecé a deslumbrar algo que me parecía sólido. Vivimos en un inmenso Misterio que a la vez nos habita. Tratar de explicarlo, era precisamente anularlo. Un misterio explicado deja de serlo. Aún si “Dios” fuera el gran misterio, las diferentes teologías lo han anulado con una pretensión de “saber”. En otras palabras, ese Dios explicado no tiene nada de divino. Indudablemente, si alguien no cree en  lo enseñado por el Teísmo, se vuelve A-teo. Y en cambio, eso no significa que se convierta en alguien sin trascendencia. Todo teísmo no deja de ser una representación ( con diversas expresiones), una imagen elaborada por el hombre.
No tenemos un saber que vaya más allá de lo humano, o de la Realidad en la cual existimos. Eso no significa que no haya quienes han intentado de diferentes maneras traspasar ese límite, es lo que llamamos un salto de fe, que también puede tener sus razones. Nos encontraríamos en el orden del creer pero no del saber. Repito que existen razones para ello, aunque no hay pruebas al modo de verificación empírica. 

En ese recorrido personal, siendo consciente de la percepción del Misterio en el que estamos y nos habita, mediante una razón intuitiva, quise decirme a mí mismo qué entiendo por la palabra “dios”. Ya no hablo de una dimensión más allá de lo humano, pues no tengo la manera de saber realmente si lo hay y en qué consiste. Cierto es que tampoco lo puedo negar. Solamente soy consciente de mi incapacidad para poder saber o verificar esa dimensión. El salto de fe me parece demasiado arriesgado pues compromete toda la vida a algo que en realidad no puedo estar seguro. No he encontrado las razones suficientes para dar el salto. En realidad debería decir que di el salto hace años, pero según se iban afinando las preguntas existenciales, el vértigo iba aumentando, y al final preferí buscar un lugar más firme, o al menos un lugar donde podía comprometer mi vida de una manera menos ilusoria.

Es pues mi intención expresar lo que entiendo por “dios”. Al escribirlo en minúscula trato de transmitir la idea de que parto de lo humano, y que no pretendo saber más allá. Ni para afirmar ni para negar. Ese dios sería lo que entiendo como criterio o clave de mi manera de estar en el mundo.

“dios” es lo que me acompaña desde siempre y me va humanizando. Una exigencia íntima, un percepción del existir, una cierta Conciencia de Bondad y en ocasiones una extraña fuerza que me empuja hacia adelante. Quizás una fuente indecible de donde surgen mis anhelos, mis valores y mis principios. Un especie de voz interior que en alguna ocasión me ha hecho experimentar una lucidez inesperada. No lo pienso como algo sobrenatural, sino más bien como una actividad de mi cerebro. 
La manera más clara de percibir “ese dios” es en el amor. Cuando amo a mis seres queridos, o soy capaz de sentir compasión, realmente me trasciendo. Por eso suelo decir que la Bondad es divina. Para mí pues, “dios” no es un ser, ni una persona sino que es Acción Compasiva.(esto se lo debo a Jose Antonio Marina).
Y llego a la conclusión de que cuando se realiza esa acción compasiva, dios o lo divino (una dimensión humana) acontece. 
Creo en el dios que acontece cuando los seres humanos se aman y buscan juntos cómo ser más feliz. 

” dios” es siempre el dios de alguien en concreto. El dios de Abrahan, el de cada cual, el mío. Lo vamos elaborando según vamos caminando por la vida. Cada uno con su mochila, que tendrá diferentes componentes. El tiempo y lugar donde nacimos, la familia de la cual venimos, nuestros diferentes legados, la cultura, la sociedad, y las experiencias y encuentros. Todo influye en la elaboración de nuestro criterios existenciales, en nuestro dios. A pesar del intento de las Iglesias de uniformar las diferentes experiencias, siempre hay un núcleo muy personal que construye el dios propio. 

Ese dios existencial ¿es algo más?
Pues sinceramente no lo sé y no creo que haya manera de saberlo. Ahora bien me pregunto: ¿acaso importa?
¿No se trata más bien de estar atento a esa voz, a esas exigencias íntimas, esas mociones que surgen que nos interpelan a realizar bien el hombre? (como diría Montaigne)
Lo importante es mantener esa actitud de asombro frente al misterio de la existencia, haciéndonos constantemente preguntas. Lo esencial es ser coherente con lo mejor de lo que hemos sido capaces los seres humanos, sea de donde sea que vengan esos valores.  Trascenderse en la inmanencia mediante el amor.
Cuando nos encontramos con alguien (dándole todo el significado a la palabra “encuentro”), cuando amamos sin reservas (pero sabiamente), cuando abrazamos al amigo, acariciamos al niño, amamos a la esposa en esa extraña complicidad….vivimosinstantes de eternidad, porque en esos momentos el tiempo no cuenta.

Para mí ha la pregunta de si existe Dios (como si supiéramos lo que es) ha dejado de ser relevante. En cambio la pregunta de a qué llamo dios, me ha resultado fructífera, me sirve de guía, hace que mantenga una actitud de asombro, me ayuda a convertir en extraordinario lo cotidiano, me hace estar expectante con lo que me acompaña.
Parafraseando las palabras bíblicas diría: En eso que me acompaña (pensamientos, sentimientos, encuentros,seres amados….y libros) vivo, me muevo y soy. 

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À propos Gilles

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a été pasteur à Amsterdam et en Région parisienne. Il s’est toujours intéressé à la présence de l’Évangile aux marges de l’Église. Il anime depuis 17 ans le site Internet Protestants dans la ville.

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