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¿Homo religiosus?

Bernard Reymond

Traducción Julian Mellado

Remontándose por el hilo fascinante de la evolución humana, Bernard Reymond, apoyándose en su lectura de Pascal Picq así como la de Friedrich Scheiermacher, se interroga sobre la historia del hecho religioso a escala – inmensa – de la existencia de nuestra especie.

Premiers hommes, el último libro de Pascal Picq, del Collège de France, nos hace remontar mucho más allá de los 200.000 años que corresponden a la aparición del homo sapiens, nuestro ancestro más directo: es decir hasta los 5,5 millones de años, la edad de los homínidos de los cuales descenderían una variedad ramas que serían muy diferentes las unas de las otras, y que estarían en el origen de diferentes clases de simios: orangutanes, gorilas, chimpancés, bonobos etc y por supuesto, los humanos, pero sin otro lazo de parentesco que solamente ese origen tan lejano.
Paleoantropólogo, Pascal Picq no se interesa solamente al homo sapiens o a su pariente cercano, el hombre de Neandertal, sino que encuentra más allá en la historia del mundo indicios de lo que creemos que son las características específicas del género humano: utensilios, rituales, intercambios de informaciones, procesos de aprendizaje, etc. Todo esto es apasionante y nos vuelve más modestos: ¡no somos los primeros en haber inventado la piedra filosofal!
Pascal Picq no deja de preguntarse, si en esos principios de lo que luego sería el género humano, no habría alguna huella de religión.
Es cierto que su manera de acercarse al tema sigue siendo muy laico o demasiado positivista para tratar esos interrogantes,
pues aparentemente pertenece a los que consideran a la religión como una invención relativamente tardía, algo superfluo en la historia de la humanidad -una invención de la cual podemos perfectamente pasarnos de ella.
¿Y si la religión, o lo que llevara a la aparición de las religiones constituidas, formase parte de lo humano tan constitutivo como la fabricación de herramientas, el lenguaje, la vida en sociedad, etc? ¿El teólogo Friedrich Schleiermacher se equivocó, en 1821, cuando escribió en su gran tratado sobre la fe cristiana que << la consciencia de Dios es inherente a la naturaleza humana>>? En el estadio de los primeros representantes de lo que vendría a ser nuestra humanidad, esa consciencia evidentemente sólo podía ser oscura y virtual, sin dejar huellas materiales de su existencia. Pero cuanto más lo pienso, más me digo que el homo sapiens, y quizás aún sus predecesores de más de 200.000 años, eran constitutivamente o por naturaleza un homo religiosus.
Situado en esa perspectiva, el Antiguo Testamento es de una aparición muy reciente. El Nuevo Testamento lo es aún más. Pero no es acaso en esa perspectiva tan lejana que deberíamos situarlos para comprender mejor la ocasión y la necesidad del mensaje cristiano?
Cuanto más pasan los años, y le doy más y más vueltas al asunto en mi cabeza y aún más en mi corazón, así lo pienso aunque sea para no ser un ingrato hacia aquellos ancestros tan lejanos de los cuales provenimos todos ,y a quieness les debemos lo que somos hoy. Al Evangelio, sin ellos, le faltaría profundidad de campo, ya que es también en ellos, o lo que nos viene de ellos, que el Evangelio encuentra sus raíces.

À propos Gilles

a été pasteur à Amsterdam et en Région parisienne. Il s’est toujours intéressé à la présence de l’Évangile aux marges de l’Église. Il anime depuis 17 ans le site Internet Protestants dans la ville.

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