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¡Basta ya de versículos bíblicos !

Todos conocemos los riesgos de sacar una frase de su contexto. Se puede incluso llegar a a firmar lo contrario de lo que el texto bíblico afirma, solamente con citar un versículo suelto. Por ejemplo está escrito « Los padres han comido las uvas agrias y los hijos han tenido la dentera (Ez 18,2) », pero el propósito del versículo es criticar ese pensamiento y valorizar el prinicipio de responsabilidad personal. Precisamente, la última palabra no reside en el texto bíblico, ya que sino nos dejaría en un estado de irresponsabilidad.

De todas formas, esta no es la única amenaza que convierte a los versículos bíblicos sueltos como punto final en un diálogo.

Utilizando un versículo de forma literal, nos unimos al universo del redactor, y nos quedamos ahí. Si no hacemos el viaje en sentido contrario que consiste en caer en la cuenta de las diferencias culturales y otras que tenemos con el autor bíblico, quedamos presos de un pasado, que a menudo tiene poca relación con nuestro presente. No solamente habría que alimentarse y vestirse como era el uso de aquella época, sino que las cuestiones éticas estarían limitadas a los casos que sólo la Biblia habría planteado. Así que la famosa frase « Dar al César lo que es del Céssar » sólo se refererían a las monedas que llevasen su efigie, lo que marcaría una dificultad en nuestros intercambios comerciales. (ya que se suele limitar esta frase a un contexto comercial,fruto de una lectura excesivamente literal).

Si debemos poner fin a esa manera de comunicarse a base de versículos bíblicos sueltos, es porque la Biblia tiene algo mejor que ofrecer que solamente dar un apoyo del tipo « Preguntas para un campeón » (famoso programa de la televisión francesa que consiste en preguntas y respuestas rápidas de todo tipo). Los textos bíblicos han sido redactado para introducir en nuestros corazones una pasión por la vida, para enseñarnos lo que significa amar. Los textos bíblicos están destinados a estimular nuestra imaginación, nuestra capacidad de razonamiento. Es en esos textos que Jesús encontró su inspiración para dirigir su vida. Es en esos textos que los apóstoles descubrieron lo necesario para pensar sus existencias. Es en esos textos que nosotros encontramos la esperanza de proseguir la obra creadora que nos vuelve más humanos.

Cuando nos contentamos con el texto bíblico, sin reflexionar, para conducir nuestra vida, nos parecemos a Judas Iscariote quien reprodujo de manera idéntica el gesto de Juda – el hijo de jacob – cuando quiso salvar a José de los celos de sus hermanos (Gn 37,27). Porque al « vender »a Jesús, Judas no tiene en cuenta su situación que no corresponde del todo a la de Judá, produciendo el efecto contrario deseado (al menos es mi hipótesis de lectura). Judas, atrapado en un pasado mortífero, conoce un final parecido al de la mujer de Lot (Gn 19,26)

Sin la Biblia, perdiríamos esa ventana abierta sobre un mundo más vasto y generoso que nuestro universo personal. Pero si nos contentamos con algunos versículos, lo que estamos haciendo es echar las persianas que ocultan un bello horizonte. Por lo tanto, dejemos que esos textos, por ellos mismos, continúen abriéndonos la mirada aquello que es más grande que nosotros mismos.

 

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